El día que te maltraté

No se si es la primera vez, solo sé que me costó bastante controlarme. Pensaba en las 136 paginas del libro de Rosa Jové que estoy leyendo… Y pude mantener la calma. O al menos eso creí…

Hasta que llegada la noche, fui a poner tu pijama y vi tus brazos marcados. Sin saber aún que era, dije en voz alta “¿qué es esto?”. Tú mi niña, con tu hermosa cara inocente contestaste “Arepa”, sin saber de qué yo hablaba.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, disimulé para que no vieras y sólo pude abrazarte fuerte y decirte “Te amo”. Porque aunque al ver tus brazos cualquiera puede ponerlo en duda, te amo! Con toda la fuerza de mi alma y corazón.

Perdóname hija, no entiendo como fui capaz de lastimarte así. Esos brazos que me abrazan y acarician, que se extienden a mi cuando necesitas bajar un escalón alto, que con tus dulces manos me soban cuando me golpeo. Tus manitas sagradas!

Perdóname hija, ahora sé que no pude controlarme y que aún tengo mucho por lo cual trabajar.

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